VINAGRE DE VINO FLOR DEL GENIL 37.5cl (Caja de 12 unidades)

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VINAGRE DE VINO FLOR DEL GENIL 37.5cl (Caja de 12 unidades)

37,09

Guardado en botas de roble americano durante muchos años, una lenta oxidación le da los olores y sabores complejos que hacen de él un placer y un privilegio para los paladares más entendidos.

Zona:……………………….. D.O. Vinagre de Vino Montilla Moriles
Acidez:…………………….. 6,7º
Tipo de Uva:…………..….. 100% Pedro Ximénez
Crianza:…………….……… 50 años en botas de roble americano

CONSUMO Y CATA:

Este vinagre procede de vinos finos selectos de la zona, sometidos a una esmerada elaboración artesanal y envejecidos en botas de roble americano por el tradicional sistema de criaderas y soleras. De estos más viejos, se ha seleccionado, por su excepcional calidad, una partida, estrictamente limitada debido a las exigencias de la crianza, envasándose 24.000 botellas que ponemos en el mercado para deleite de los “Chefs” más exigentes que cuentan con esta joya única para aderezar sus especialidades gastronómicas.
Se recomienda conservar en lugar fresco y seco, al abrigo de cambios de temperatura y de la luz.

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La normativa española define el vinagre como el líquido apto para el consumo obtenido por doble fermentación. La variedad de materias primas para la obtención de vinagres es muy amplia, desde subproductos o excedentes agrícolas hasta sustratos de gran calidad para los vinagres más exclusivos y apreciados como el vinagre de Jerez. Esta norma de calidad define hasta diez tipos de vinagres, entre los que se incluyen, el vinagre de vino, frutas, sidra, alcohol, cereales, malta, malta destilado, balsámico (con adición de mosto de uva), balsámico de sidra y un apartado de otros vinagres en el que cabe cualquier otro sustrato de origen agrícola como puede ser la miel o el arroz. Sin duda, el vinagre de vino es el más característico en los países mediterráneos, aunque las nuevas tendencias gastronómicas han tendido a ampliar considerablemente la oferta en los últimos años.

La producción de este producto se remonta a alrededor del año 200 AC, y nos ha enseñado mucho sobre la biotransformación microbiológica. Sin embargo,  este ha sido considerado siempre como «el pariente pobre» en la familia de los productos fermentados. Esta fermentación ha formado parte de la alimentación humana desde la antigüedad más remota como condimento y conservador de alimentos, así como base de remedios sencillos para hombres y animales. En 1732, el holandés Boerhaave hace notar que la llamada madre del vinagre es un organismo vivo, aunque sin precisar su papel en la acetificación. La acetificación también llega a formar parte de la controversia entre químicos que mantienen que el proceso era puramente químico y aquéllos que afirmaban que en dicha transformación intervenía un «ser organizado». En cuanto a la madre del vinagre, Kützing observó que la débil película que recubre la superficie del líquido acidificado está formada por glóbulos seis veces más pequeños que los de las levaduras. Pasteur afirma que siempre que el vino se transforma en vinagre, es debido a la acción de un velo de Micoderma aceti desarrollado en su superficie.